
Las personas afectadas pueden presentar dificultades en la capacidad de concentración, desorientación, somnolencia, agitación y en ocasiones alucinaciones y/o ideas delirantes. En la mayoría de los casos dura horas o días, pero en otros puede persistir semanas o meses.
El desarrollo de la enfermedad implica a menudo una combinación de factores que aumentan el riesgo de sufrirla. Las medidas terapéuticas incluyen la identificación y el tratamiento de las causas o factores de riesgo, recomendaciones de estilo de vida que debe aplicar el entorno cuidador de la persona afectada y que en muchos casos se dirigen a prevenir complicaciones y, en caso necesario, la prescripción de medicamentos.
Uno de los principales retos es que puede pasar desapercibido o confundirse con otros trastornos. También puede presentarse de diferentes formas: desde un cuadro con agitación e inquietud hasta formas hipoactivas, con somnolencia, apatía o retraimiento, que a menudo son más difíciles de reconocer.
Detectarlo en breve y buscar la causa puede marcar una gran diferencia. Consulta con tu médico de referencia o con el servicio de Urgencias.
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