El CAP Sant Llàtzer consolida la figura de la educadora física deportiva para reforzar la atención comunitaria y la promoción de la actividad física

El nuevo perfil profesional, incorporado en el modelo CSIR, acompaña a personas con problemas osteo-musculares, obesidad, dolor crónico, malestar emocional y riesgo cardiovascular.

El Centro de Atención Primaria (CAP) Sant Llàtzer de Terrassa ha incorporado la figura de la educadora física deportiva dentro del modelo de Centros de Salud Integral de Referencia (CSIR) con el objetivo de promover la actividad física terapéutica y reforzar el acompañamiento comunitario de personas con necesidades específicas de salud.

Este perfil profesional nace inicialmente para dar respuesta a pacientes con dolor osteomuscular que no cumplen criterios de tratamiento quirúrgico ni se benefician de una visita especializada a traumatología. Sin embargo, con su incorporación al trabajo interdisciplinario del CAP, su ámbito de actuación se ha ampliado progresivamente hasta convertirse en una pieza de apoyo transversal en diferentes procesos asistenciales.

Actualmente, Clara Ribas, educadora física deportiva del CAP Sant Llàtzer, trabaja de forma coordinada con el resto de profesionales sanitarios para valorar, prescribir y adaptar programas de actividad física a las necesidades de cada paciente, favoreciendo la adquisición de hábitos saludables y la continuidad de los tratamientos.

Apoyo a distintos perfiles de pacientes

La educadora física deportiva participa en la actualidad en diversos programas asistenciales del centro. Entre otras funciones, acompaña a personas con obesidad que participan en terapias grupales conjuntamente con el equipo de nutrición; apoya a pacientes con malestar emocional y dolor crónico en coordinación con la referente de bienestar emocional; y facilita la continuidad de la actividad física en personas que han completado programas de fisioterapia grupal y necesitan mantener los beneficios logrados.

Además desarrolla intervenciones grupales específicas orientadas a fomentar la adherencia a la actividad física. Entre las experiencias actualmente en marcha se encuentran grupos para personas con obesidad, que combinan ejercicios de fuerza y ​​resistencia aeróbica durante ocho semanas, y grupos dirigidos a personas con dolor lumbar, centrados en la seguridad, la técnica y la comprensión del dolor.

«No sólo buscamos una mejora puntual durante unas semanas; queremos que las personas incorporen la actividad física en su día a día y dispongan de herramientas para mantener este hábito de forma autónoma», explica Ribas.

Una pieza clave en el trabajo interdisciplinario

El modelo de intervención se basa en cuatro fases: recomendación, diseño, práctica y autonomía que permiten transformar una indicación sanitaria en una experiencia práctica, segura y adaptada a las capacidades de cada persona.

En los próximos meses, el CAP prevé ampliar los circuitos de derivación desde medicina y enfermería para atender a personas insuficientemente activas, con factores de riesgo cardiovascular o con problemas de ansiedad y depresión. También se plantea un seguimiento posterior al primer, tercero y sexto mes para favorecer el mantenimiento de los resultados.

La incorporación de la educadora físico-deportiva refuerza la mirada preventiva y comunitaria del CAP Sant Llàtzer y contribuye a fortalecer la coordinación con los recursos del entorno, como los servicios municipales de deportes, Salud Pública, el CatSalut y las entidades comunitarias.

En definitiva, se trata de una figura que aporta experiencia en la adaptación y prescripción de actividad física para personas con necesidades complejas, especialmente en el ámbito osteo-muscular, de la salud mental y del riesgo cardiovascular, consolidando un modelo asistencial que integra salud, prevención y comunidad.